Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

sábado, 24 de enero de 2015

La gente que me gusta


Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.

Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.

Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría. 


Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables a las decisiones de un jefe.

Me gusta la gente de criterio, la que no traga entero, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, a éstos les llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Con gente como ésa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.

Mario Benedetti

martes, 20 de enero de 2015

El arte de Roberto Mamani Mamani


Roberto Mamani Mamani es un artista autodidacta que ha desarrollado su plástica a partir de la visión y sentimientos originarios de su pueblo, una tierra vibrante, vital, llena de colores, carácter, texturas y emociones.

Mamani Mamani nació en Cochabamba, Bolivia, en el año 1962, en el seno de una familia quechua de ascendencia aimara.



Se considera a sí mismo como “nacido quechua pero de sangre aimara”. Comienza a pintar y dibujar sin ningún tipode preparación desde que era un niño. Con carbón y periódico realizaba sus primeras obras donde plasmaba su visión acerca de la vida cotidiana que lo rodeaba: campo, vegetación y trabajo agrícola.

Para Mamani Mamani tuvo gran importancia su abuela, quien en la lengua quechua le transmitía todos sus conocimientos acerca de la Pacha Mama, la lectura de las hojas de coca y su filosofía de vida en relación a la naturaleza andina.

Este pintor dedica sus obras a la representación del mundo aimara dentro del universo andino, plasma tanto a su tierra como a su pueblo, ambos llenos de vitalidad, carácter, texturas, emociones y colores. Utiliza mucho simbolismo indígena pero además desarrolla sus propias connotaciones.



A partir de 1983 la carrera artística de Mamani Mamani se desarrolla llegando a alcanzar gran popularidad. Desde entonces, hasta la actualidad Roberto Mamani Mamani participó en más de 52 exposiciones, entre las cuales 44 consistían únicamente en sus obras. Este artista ha recibido reconocimientos tanto nacionales como internacionales. En 1990 ganó el 1er Premio en fotografía, en el Día Mundial de la Población de las Naciones Unidas; en 1991 obtuvo el 1er Premio en dibujo del Salón Pedro Domingo Murillo y fue invitado especial del Gobierno de Estados Unidos para visitar y exponer su obra en ocho estados y dar conferencias sobre la cosmovisión andina; en 1998 fue invitado especial en la conferencia de Primeras Damas de América en Santiago de Chile y finalista en la Bienal de Arte Sacro de Buenos Aires, Argentina; en el año 2002 recibió la medalla al mérito cultural de Prefectura del departamento de La Paz, Bolivia; en el 2004 recibió la distinción Persona Ilustre y Hombre de la Cultura de las Naciones Originarias por el gobierno municipal de Villa Tunari, Cochabamba.

Las obras de Mamani Mamani han recorrido varios países del mundo como Argentina, Brasil, Ecuador, Colombia, Venezuela, Cuba, México, Canadá, Estados Unidos, Japón, Alemania, Dinamarca, España, Holanda, Australia, Italia, Francia e Inglaterra.



Desarrollo
Mamani Mamani realizó cuadros en series y algunas de estas series son: Pueblos con soles (1994); Caballos, toros y algunos caballeros más (1995); M’amas, cholas y w’awas (1996); De cruz Cuadrada a Christus (1997); Dibujos eróticos: De la china supay el pecado de lujuria (1997); Mallkus Cóndores, Q’arwas Llamas (1999) y Aves sagradas; Reencuentro con los achachilas (2002).

Las más recientes series son Sapos, K’alanchas y Whakabolas.
La primera serie Sapos y Whakabolas, toma al sapo, símbolo para la cultura aimara que se relaciona con la fecundidad y la lluvia; y a los Whakabolas, nombre de los genitales del toro, plasmando el impulso sexual masculino representado por el toro.
La serie de K’alanchas consiste en dibujos hechos con carboncillo sobre hojas de periódico de robustas mujeres desnudas.
En la serie de Caballos, soles y algunos caballos más, Mamani Mamani rescata el pensamiento ancestral, de la época en la que los españoles llegaron a colonizar el territorio actual boliviano y trajeron consigo el cristianismo, su Dios y sus santos.
Para aquel momento los pueblos originarios de la zona adoraban a dioses como el rayo. Los cristianos impusieron su fe a los indígenas, y estos relacionaron los santos con algunos de sus dioses (por ejemplo Santiago o Yago de Matamoros fue relacionado con el rayo y la Virgen María con la madre tierra Pachamama). Pero antes de que el Dios Rayo sea relacionado con Santiago, en el momento en que los españoles llegaron en sus caballos, los indígenas quedaron completamente sorprendidos y confundieron a los hombres a caballo con el Dios Rayo o Illapa (nombre en quechua).



El sincretismo se produjo gracias a la colonización española en Bolivia y éste está claramente plasmado en las obras de Mamani Mamani, tanto en la representación de los caballos o Tata Santiago, como en las representaciones de la Virgen María que con su manto toma la forma de montaña emulando a la madre tierra. Al mismo tiempo muestra una virgen con el niño, sosteniendo elementos de la naturaleza o rodeada de las banderas boliviana e indígena, la wiphala.

En otros cuadros Mamani Mamani pinta su versión de los ángeles arcabuceros tan típicos del barroco americano, pero los hace sin arcabuz. En su lugar sostienen elementos incaicos o simbólicos de dioses ancestrales indígenas y en ocasiones sostiene instrumentos musicales típicos. Tomando un aspecto más criollo, su vestimenta tiene un ligero parecido a la falda de la indumentaria típica femenina y a veces lleva toques incaicos como vegetación y abarcas.

En la serie De cruz Cuadrada a Christus, el artista resalta la transición de la Cirux, Cruz del Sur o Cruz Andina de absoluta importancia para la cultura andina (formada por las estrellas Alfa, Beta Gama y Delta) a la cruz cristiana. En la obra se observa la cruz andina que envuelve a un personaje indígena que presenta distintos síntomas de su cultura.

Las uñas negras por trabajar la tierra, pequeños círculos verdes que simbolizan la hoja de coca, también tiene verdes los dientes por mascar la hoja, la piel oscura, signo de que es indígena y la equis puesta por encima como símbolo de represión.



Mamani Mamani rechaza las etiquetas de naif y primitivista, categorías en las que se lo ha clasificado, pero él autodefine su estilo como “cubista andino Tiwanacota”, contiene un lenguaje propio inspirado en la cultura andina imposible de enmarcar dentro de alguno de los movimientos artísticos clásicos del mundo occidental.


El artista utiliza mayormente acrílico y papel donde desarrolla la representación del mundo andino y de sus vivos y vibrantes colores, combinaciones de diferentes tonalidades de rojo, turquesa, violeta y naranja, son también los colores característicos de los tejidos típicos y cerámicas indígenas de Bolivia. Las formas son simples, planas, sin o con poca perspectiva y casi sin detalle, se trazan líneas onduladas, evitando los ángulos muy pronunciados de forma que las figuras que se obtienen son armoniosas y transmiten una sensación de tranquilidad, esto está asociado a la pureza del altiplano, los colores se vuelven brillantes debido a la falta de oxígeno y la gran altura en las montañas donde el sol cae con más fuerza sobre el suelo y así se destacan más los colores, volviéndolos más intensos sin tornarlos excitantes, sino más bien adormecedores y agradables. Este fenómeno representado en las
obras remite a lo sagrado de la naturaleza, la adoración de los ancestros indígenas a la madre tierra “La Pachamama”.

Las obras de Mamani Mamani representan paisajes montañosos, animales andinos como el cóndor, llamas, alpacas y otros como gallos, caballos toros y sapos por el significado simbólico que estos tienen. El pintor también se concentra en plasmar a su gente, hombres y mujeres del pueblo así también como los dioses ancestrales: el Sol y la Luna. A pesar del fuerte carácter indígena de sus obras el pintor no niega la colonización como parte de la historia que ha aportado significativamente a la cultura boliviana, en su aspecto más importante,
el cristianismo. Algo interesante a tener en cuenta es la inclusión de una parroquia o iglesia en los pueblos plasmados en los paisajes montañosos andinos, en casi todos los casos una iglesia se alza y hace parte de la pequeña urbe entre las montañas. Este es otro reflejo más del sincretismo donde las creencias locales (montañas, madre tierra) se fusionan con una religión traída desde afuera, el cristianismo.


Conclusión
El artista Roberto Mamani Mamani considera que es necesario romper con la visión sectorial del arte y la idea de que solo le pertenece a la elite boliviana. El artista pretende que la clase popular pierda el temor de entrar a una galería o a un museo y que pueda apreciar las obras que están inspiradas en el pueblo y son para el pueblo. Si bien el pintor muchas veces utiliza simbolismos y códigos, estos son de fácil lectura y están nutridos de un lenguaje popular el que incluso la mayoría conoce sin darse cuenta.

Las temáticas de las obras plasman la identidad del pueblo altiplánico boliviano, reconociendo su historia tanto antes como después de la llegada de los españoles. A pesar del fuerte carácter indigenista presente, se muestra también como parte de la realidad boliviana la fusión que existió entre la cultura colonizadora y la indígena dando como resultado la Bolivia actual, mestiza, con herencia tanto indígena como europea, adorando tanto a la virgen y a los santos, como a la tierra y a otros entes.

Mamani Mamani plasma a su pueblo andino de manera que no solamente expone sus características culturales sino que también y sobre todo plasma las sensaciones que él recibe de este, transmitiéndolas al público a través de sus obras. Éstas, por sus trazos, formas y manejo de colores pueden producir las mismas sensaciones que produciría ver al pueblo y al mismo altiplano boliviano pero esta vez por medio de la obra del pintor.

Personalmente pienso que si bien en algunas de sus obras (aunque pocas) descompone las vistas de un objeto o sujeto, aspecto característico del cubismo, considero que se aproxima más bien a un expresionismo, tanto por los colores intensos que utiliza como por el fondo que contiene. Mamani Mamani, con sus obras busca reproducir las sensaciones, que desde su perspectiva, se experimentan en contacto con la naturaleza del altiplano, sensaciones intensas que con los colores que utiliza se consigue transmitir su intención al público.

Bibliografía
Saiz Conde V. y Arenaza Lasagabaster J. (1980). Historia del arte y la
cultura. Madrid. General Tabanera.
Blog de Roberto Mamani Mamani (disponible en: mamanimamani-bo
livia.blogspot.com)
Roberto Mamani Mamani está en Taipinquiri, La Paz: Bolivia.com. (Disponible
en: bolivia.com/noticias/autonoticias/DetalleNoticia14641.asp)
Mamani Mamani, Inca Music (Disponible en: incamusic.narod.ru/lati
norama/mamani/mamani.htm)


Fuente: Universidad de Palermo - Facultad de Diseño y Comunicación

La Verbena, planta medicinal de la región guaraní.


La Verbena es una planta de carácter herbáceo, generalmente tropical y de porte recio y leñoso. Se sitúa su origen en Asia o en el extremo oriental más meridional de Europa, sin embargo no se conoce su lugar de procedencia con exactitud. La verbena es de hoja perenne, y no suele crecer más de un metro de altura, sus raíces fasciculadas prefieren suelos muy húmedos, preferiblemente limosos. Sus hojas suelen ser muy variables, pero generalmente son serradas y lanceoladas, con un aspecto ligeramente nudoso.


Es una planta monoica, es decir que sus flores poseen ambos sexos y su forma suele ser irregular, aunque siempre con un número determinado de pétalos en cada flor. Las inflorescencias suelen crecer en racimos muy frondosos, en una estructura casi similar a una espiga. Estas estructuras están colmadas de pequeñas flores muy vistosas, generalmente púrpuras o blancas. Sus flores suelen ser el principal motivo por el cual se cultivan en numerosos jardines, su belleza y fragancia fresca y agradable las convierten en un ornato excelente. El fruto de la verbena depende de la variedad, ya que puede ser una estructura simple y seca de 3 ó 4 vainas, o un fruto muy pequeño similar a una baya.

Su historia en la medicina natural es ya larga y está plagada de curiosidades. Eran ya reconocidos desde las antiguas culturas del extremo septentrional europeo, donde se le atribuía la propiedad de proteger y curar las enfermedades producidas por entes diabólicos y hechizos.


Beneficios de la Verbena
Dolores de cabeza o cefalalgia : Extraer el zumo de las hojas de verbena y prepararlo en infusión. El mismo efecto produce la planta fresca machacada, aplicándola sobre las sienes y la frente.
Úlceras : Machacar hojas frescas y aplicarlas en forma de cataplasma sobre la parte afectada.
Caída del cabello : Cocimiento de 2 puñados de la raíz de verbena en 2 litros de agua. Hervir durante 15 ó 20 minutos. Lavar la cabeza con esta agua, una vez por semana. Es un remedio muy eficaz.
Para combatir las amebas es recomendable hervir una cucharada sopera de raíz de verbena y una de cuasia picada en un litro de agua por unos 20 minutos. Tomar dos veces al día durante 5 días.

Fuente: misabueso.com


Pueblo Atacama


Atacamas, llamados apatamas, alpatamas, kunzas, likan-antai olikanantaí (en idioma kunza: lickan-antay, “ los habitantes del territorio”) se ubica en el extremo noroeste de la Argentina, extendiéndose a la región chilena, el oeste de Jujuy, Salta y el noroeste de Catamarca.

Los Atacama históricamente, generaron pautas organizativas especialmente adaptadas para desafiar los rigores del clima y las particularidades medioambientales de la región. Los recursos propios provenientes del pastoreo (hilados, tejidos y carnes) y la explotación de los yacimientos de sal constituyeron tradicionalmente el bien de intercambio con otras localidades y pueblos. Conservaban su alimento en grandes cantidades y como reflejo de un sistema muy elaborado, quedan vestigios en el variado instrumental: hachas (para la extracción de sal), palos cavadores, cucharas, ollas, azadones, etc. Además desarrollaron una importante artesanía en cerámica y fueron el primer pueblo que comenzó a utilizar el mineral de cobre que extraían de Chuquicamata y el oro de Inca Huasi. La industria del labrado de la madera estaba muy desarrollada, son famosas las “tablillas de ofrendas” para tomar cebil, con un mango labrado finamente con formas de figuras humanas y animales e incrustaciones de malaquita.
El uso del cebil aparece en las crónicas de la conquista, se encuentran numerosas referencias al uso de esta planta. Sus formas de ingestión en contextos ceremoniales fueron variadas. El polvo obtenido de la molienda de las semillas que se encuentran en las vainas del cebil se fumaba en pipas; se inhalaba por las fosas nasales a través de tubos finos; o también se mezclaba en las bebidas rituales.


La funebria aporta elementos para la comprensión mas acabada de la cultura. Los atacamas enterraban a sus muertos en grutas naturales que eran completadas con “pircado”. El difunto era depositado con todas sus pertenencias, evidencia de una firme creencia en la vida luego de la muerte física.

Los dioses de los Atacama habitan en las cumbres del Sagrado Volcán Licancabur que domina la región. Allí también, los Atacama construyeron altares de adoración al Sol, lo cual se presume fue consecuencia de su contacto con la cultura Inca.

Hay evidencias que indican la práctica de sacrificios humanos. Al respecto, en Salinas Grandes (1903) se encontró un pequeño, lujosamente vestido con adornos de oro y bronce, muerto por estrangulamiento, con la cuerda aún arrollada a su pescuezo.
Actualmente hay vínculos estrechos a ambos lados de la línea internacional, con las poblaciones adyacentes de Bolivia y de Chile, fortalecidos recientemente por la puesta en marcha de proyectos educativos y productivos en común. Junto con el autoreconocimiento del pueblo atacameño, como una entidad transfronteriza que se incorpora a distintos estados nacionales, estos grupos y sus poblaciones rurales se organizan mayoritariamente como comunidades aborígenes, y bajo esa figura jurídica han recibido los primeros títulos comunitarios de tierras en el departamento de Susques.


Fuente: Consejo Interamericano sobre Espiritualidad Indigena

Rescatando la lengua guaná del olvido

Escribe: Oscar Lescano Barreto
La lengua guaná –aparece como kashika en la literatura etnográfica– pertenece a la familia lingüística maskoy y es la que encuentra en mayor riesgo de quedar en el olvido, a diferencia de las otras cinco que la Secretaría de Políticas Lingüísticas (SPL) ha catalogado como “en riesgo de extinción”.

Río Apa se denomina la única comunidad indígena que alberga a los últimos guanahablantes. Posee una población actual de aproximadamente 100 individuos y se encuentra situada a unos 7 kilómetros de Vallemí, distrito de San Lázaro (departamento de Concepción). Según datos históricos, este pueblo perdió su práctica de subsistencia al convertirse en mano de obra asalariada durante su inserción en las tanineras de Alto Paraguay, de la cementara de Vallemí y de otras caleras ubicadas sobre la ribera del Río Paraguay, en Concepción, viéndose obligados a mezclar su lengua con el guaraní.

Nieves Montiel, directora de Documentación y Rescate de Lenguas Indígenas de la SPL, sostuvo que solamente cuatro abuelas lo hablan en su forma nativa en la citada comunidad, “donde solo viven ellos, no están mestizados con otros”, lo que permitió encontrar en forma natural este dialecto, aunque al borde de la extinción. “Existen otros hablantes (del guaná), escasos también, pero están muy mezclados, en la región Occidental y hay relación multiétnica, por lo que la lengua ya está muy mezclada. Solo estas 4 mujeres la hablan de forma pura”, precisó Montiel.

Con relación a la historia de la lengua, Montiel sostuvo que “existen escasos registros escritos de un lingüista que trabajó con ellos llamado Hannes Kalis y escritos que datan del año 1800 más o menos de otros estudiosos por la región de aquella época. Es una lengua que de pronto estaba muy debilitada cuando se empezaban a registrar, ya muy pocos hablaban, por lo que ya no fue de interés de expertos”.

La directora explicó que, como Estado paraguayo, recién desde 2009 el Ministerio de Educación atiende la educación indígena, lo que marcó el inicio oficial del proceso para registrar las lenguas nativas con el fin de crear materiales didácticos para maestros y alumnos. Como Secretaría –explica– "trabajamos desde finales de 2013, el tiempo que estamos es muy corto y este trabajo va un poco lento porque se requiere muchos recursos, tanto humanos como financieros".


Al rescate
Con el fin de volver a popularizar el guaná en la comunidad, las únicas cuatro hablantes se encargan de impartir clases a niños y adultos. “La comunidad hace un esfuerzo por volver a hablar la lengua, las abuelas dan clases de una hora los fines de semana. Las abuelas son un poco mayores y analfabetas, por lo que la enseñanza es oral, lo que vuelve más dificultoso el proceso”, contó Montiel.

Al respecto, señaló que se encuentran “con muchas esperanzas con el Ministerio de Educación para tener un curso de alfabetización para las abuelas”, con lo que perfeccionarán la escritura y podrán optimizar la enseñanza del guaná. Mientras tanto, fueron especializadas en metodología de la enseñanza para impartir las clases.

Para el poco tiempo que tienen trabajando con esta lengua, Montiel ha destacado que se pueden apreciar los primeros resultados. “Los niños ya utilizan la lengua, hacen diálogos breves, ya se escucha nuevamente en la comunidad, pero a los adultos les cuesta un poco más aprender”. Asimismo, sostuvo que para mediados de este año proyectan que tendrán listo el abecedario de la lengua guaná, ya que actualmente solo poseen registros orales de parte del vocabulario.
Conscientes de lo que significa para la comunidad indígena centrarse en la recuperación de su lengua original, la Secretaría ha ofrecido a cambio una serie de asistencias para sus pobladores. En ese sentido, detalló que todos los miembros han sido beneficiados con el programa de subsidio de Tekoporâ, de la SAS, además de acercarles asistencia sanitaria con el Ministerio de Salud, así como insumos y herramientas por parte del MAG, para que cultiven, vendan y comercialicen su propia producción.

“Nosotros somos muy conscientes de que se puede salvar (el guaná) o podemos simplemente quedarnos en registrarlo. Desde la Secretaría podemos influir en el registro, documentaciones orales y audiovisuales, pero la decisión de volver a hablarla es comunitaria y ellos aún no han asumido como pueblo. Podremos decir que se ha salvado cuando los niños lo transmitan a sus hijos. Ellos sufrieron ese corte generacional, porque sus padres dejaron de hablarles en ese idioma, ahora hablaban en guaraní. Si lo volvemos a recuperar, como Estado, hemos rescatado esa lengua”, puntualizó.

Fuente: ABC Color (Asunción) 16 de Enero de 2.015

sábado, 17 de enero de 2015

Las lágrimas de la luna – Leyenda Mapuche

Un día, Nguenechén, señor del Universo, ordenó que Antú (dios del Sol) y Puyén (diosa de la luna) se conviertiesen en marido y mujer y gobernaran la Tierra en su nombre.

A partir de ese momento, el Sol y la Luna recorrieron el espacio juntos, derramando luz y dones sobre todos los hombres. Con el paso del tiempo. Antú se volvió menos cariñoso y paciente. Puyén no tardó en hacerle sentir su queja y él, por toda respuesta le dio una terrible bofetada.

Entonces la luna lloró desconsoladamente, y tan ardientes fueron sus lágrimas que al caer sobre la tierra, se convirtieron en las infinitas vetas de plata que el pueblo mapuche no tardó en conservar transformadas en hermosas joyas consagradas a la Madre Luna.


Desde entonces, el matrimonio de dioses no volvió a compartir el cielo. Por eso Antú alumbra la Tierra durante el día, en tanto que Puyén sólo se deja ver en la noche, cuando su esposo descansa y ella puede pasearse a gusto iluminando ríos y montañas.

Su rostro muestra todavía las cicatrices de aquellos golpes y el copioso llanto de aquél día, convertido en plata, es para los mapuches el símbolo femenino por excelencia.


Fuente: Sacerdotisa de Fuego.


Educación y Libertad…


Libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar... La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos.



Fuente: Labor Social y Fotografía

Amor: Arma de construcción masiva…



Me propuse escribir sobre las armas y la pluma sólo cantaba palabras de Amor.
Yo insistía en invocar a la herida y la pluma, aún más palabras de Amor cantaba.
Todo esfuerzo fue inútil. Hasta que decidí dejarme llevar y abandonarme a su canto.
Fue entonces cuando se abrió la puerta y floreció la bala...
La pluma sabía que el Amor es el único Arma de Construcción Masiva capaz de dar
un giro de 360 grados a esta Humanidad desenamorada de sí misma.


Ada Luz Márquez (Hermana Águila)

Arte: Amanda Polshies.

viernes, 16 de enero de 2015

100.000 SEGUIDORES DE LAS CRÓNICAS DE LA TIERRA SIN MAL

Hoy llegamos a los 100.000 caminantes en esta cotidianeidad de encuentro y abrazo en las Crónicas de la Tierra sin Mal
Un espacio creado y destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios...
Mi agradecimiento a cada Hermana y cada Hermano que día a día nos encontramos en este lugar y compartimos nuestros pensamientos, la cultura y cosmovisión de nuestros Pueblos, el respeto y amor por la Madre Tierra con el convencimiento de que un Mundo Mejor es Posible, Plural y Multicultural.

Abrazo fraterno y originario!

Aguyjevéte!

José Javier Rodas
16 de Enero de 2.015




Arte: Mirtha Susana Rendon

Accesos: http://cronicasinmal.blogspot.com.ar/

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Consulta Previa – Convenido 169



Según lo dispuesto por el Convenio 169, la consulta a los pueblos indígenas debe tener las siguientes características:

Debe realizarse cada vez que se prevean medidas

La consulta se aplica siempre que el Estado quiera adoptar alguna medida administrativa o legislativa y no, como puede pensarse, en algunos casos. Ahora bien, debe tratarse de medidas que afecten “directamente” a los pueblos indígenas y no de aquellas cuya posibilidad de afectarles sea remota, o bien uniforme respecto de otros integrantes del Estado. La idea que subyace a este estándar es que determinadas medidas afectan de manera especial a los pueblos indígenas y que son aquellas las que deben ser objeto de consulta.
Por otra parte, las medidas que el Estado debe consultar son tanto aquellas emanadas de la Administración como aquellas emanadas del Poder Legislativo. La expresión “medidas administrativas o legislativas” no debe ser interpretada en forma restrictiva, toda vez que el sentido y fin del tratado internacional es aumentar, no restringir, la participación de los indígenas en los asuntos que les afecten.
Así, las medidas legislativas, por ejemplo, no quedan limitadas a la ley en sentido estricto, sino que también incluyen las reformas a la Constitución. En el mismo sentido, si, por ejemplo, una comisión parlamentaria está encargada de investigar un asunto que afecte los derechos e intereses de los pueblos indígenas, aun cuando no haya una “ley” o reforma constitucional, puede entenderse que se trata sin embargo de una medida legislativa y, en tanto el espíritu del Convenio es propender a la mayor participación indígena, existen buenas razones para incluir las decisiones que una comisión de esa naturaleza adopte como parte de aquellas que deben ser sometidas a consulta previa.
En relación con las medidas administrativas, nuevamente el propósito debe ser interpretar la expresión de modo de favorecer –no de restringir– la consulta e interacción con los pueblos y comunidades indígenas. El filtro no debe pasar por el tipo de medidas, sino por la afectación directa.


La consulta debe ser previa
El sentido de la consulta es que permita a los pueblos indígenas hacer valer su opinión respecto de todas aquellas materias que les atañen. Históricamente, los pueblos indígenas han estado, por regla general, excluidos de los procesos públicos de toma de decisiones –en palabras del Tribunal Constitucional chileno, son “un grupo socioeconómicamente vulnerable”– el Convenio busca revertir esta situación imponiendo a los Estados la obligación de llevar adelante la consulta antes de que las medidas sean finalmente adoptadas.
Lo anterior implica que para el Estado la obligación de consultar pesa una vez que esté dentro de su agenda llevar adelante alguna medida que afecte directamente a un pueblo indígena. Así, entre más temprana sea la consulta, mayores serán las posibilidades de los indígenas de participar activa y genuinamente en la toma de decisiones y, en consecuencia, menor la posibilidad de falta de legitimidad de la medida administrativa o legislativa de que se trate. Por tal razón, los órganos de control de la OIT han sostenido que la consulta debe realizarse lo más temprano posible en el proceso de toma de decisiones.

La consulta debe hacerse de buena fe
En relación con el punto anterior, el propósito del Convenio es que los pueblos indígenas puedan manifestar su opinión y que esta sea debidamente sopesada por la autoridad, de manera que es preciso que los procedimientos de consulta no sean conducidos para cumplir con un formulario, sino para atender razones, ponderarlas y, de ser necesario, cambiar de opinión.
Si la consulta previa se hace, por ejemplo, hacia el final del proceso de toma de decisión, se lesiona el espíritu de buena fe que debe animar la aplicación del tratado. De modo similar, y tal como lo ha expuesto el Relator Especial de la ONU y profesor de derecho James Anaya, la consulta “no se agota con la mera información”. Es necesario que los pueblos indígenas sean escuchados y sus planteamientos atendidos, dándoles razones para rechazarlos o modificando las posturas estatales iniciales en caso de que aquellos planteamientos sean más razonables que los esgrimidos por el Estado.
Por cierto, en un proceso de consulta llevado a cabo de buena fe, los pueblos interesados también deben estar dispuestos a modificar sus posturas originales. De lo contrario no hay, en rigor, consulta ni comunicación, sino un diálogo de sordos que finalmente se zanja sobre la base de motivaciones que no guardan relación con la provisión de razones públicas. En este sentido, un procedimiento de consulta que al término no ha modificado un ápice las posiciones con que las partes comenzaron a intercambiar información es un fracaso, una conversación entre grupos e individuos que no están genuinamente dispuestos a deliberar.

Entonces, para materializar la exigencia de que los procesos de consulta sean de buena fe, la provisión de información por parte del Estado (y de un privado interesado, si corresponde) resulta crítica. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sostenido que es preciso que los pueblos consultados “tengan conocimiento de los posibles riesgos [implicados en una medida estatal] a fin de que acepten el plan de desarrollo o inversión propuesto con conocimiento y de forma voluntaria”.

Es difícil exagerar la importancia de la buena fe como requisito del derecho de consulta previa de los pueblos indígenas. En nuestra tradición jurídica, la buena fe ha estado presente desde los inicios como principio regulador del derecho privado, especialmente en materia contractual. Por tal razón, acaso no sea del todo evidente la manera en que se aplica este principio cuando la materia es diferente. Con todo, si bien esa diferencia en cuanto al asunto implicado es real, lo es menos de lo que pudiera pensarse inicialmente. En el procedimiento de consulta entre pueblos indígenas y el Estado –y los particulares que puedan estar implicados, aun cuando sobre estos no recaen las obligaciones establecidas en el Convenio 169– se reproduce un conjunto de actos muy similares a aquellos conducentes a la celebración de un contrato: hay dos partes que negocian con el objetivo de llegar a un acuerdo, un objeto sobre el que recae esa negociación –la adopción de medidas legislativas o administrativas– y una forma de consultar, esto es, un determinado procedimiento, que debe encaminarse a dotar de legitimidad la decisión que se adopte. En tal sentido, la consulta se asegura para garantizar que no haya, en el lenguaje de los civilistas, “vicios del consentimiento”.

Fotografia: Alice Kolher
Pues bien, en materia de contratos, la buena fe es un principio fundamental, recogido por el Código Civil y que informa la manera en que se deben adoptar e interpretar. Cuando se dispone que no solo es obligatorio lo que se expresa en sus cláusulas, sino también “las cosas que emanan precisamente de la naturaleza de la obligación”, debe considerarse –en el caso de los procesos de consulta entendidos como concurso de voluntades que permiten hacer un paralelo con los contratos– que se está en presencia de acuerdos celebrados por Estados que históricamente han utilizado sus normas jurídicas para despojar de derechos a los indígenas y forjar así la construcción de un Estado-nación por medio del sofoco de identidades culturales que ahora se intenta proteger. Esas son demandas de justicia intergeneracional que en gran medida el Convenio busca remediar y, para lo que interesa a este trabajo, la buena fe resulta central porque va más allá de la estrictez de las medidas que se discuten; tiene que ver con la forma en que los pueblos indígenas y el Estado ven a su contraparte en el proceso de deliberación. Si se considera el principio de buena fe tal como está recogido por nuestra legislación (de derecho privado, pero haciéndola extensiva a este ámbito propio del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho constitucional), entonces podemos decir que emana de la naturaleza de la obligación que el Estado actúe de buena fe. A ello debe agregarse que, como se ha planteado, este se sirvió del sistema jurídico para subordinar a los indígenas, todo lo cual articula un deber de reparar los daños provocados, deber que ha de manifestarse en los procesos de consulta. Siguiendo con la lógica de derecho privado, habría en este argumento el juego de dos principios fundamentales del derecho: por una parte, el principio de buena fe, y por el otro, el principio de responsabilidad. No se trata, como resulta obvio, de dos partes que están en la misma situación jurídica: una de ellas ha ofendido a la otra y tal ofensa, por un lado, motiva las circunstancias del diálogo y, por otro, debe tenerse en cuenta al momento de ponderar las razones que se esgrimen. En este sentido, si bien la buena fe no es contingente, sino un elemento necesario de las relaciones jurídicas, ella depende mucho en estos casos de las circunstancias del proceso de consulta y de las características propias del pueblo interesado y del Estado implicado, cuestión que se conecta estrechamente con el requisito siguiente.

La consulta debe realizarse mediante procedimientos adecuados

Para que la consulta cumpla los estándares internacionales, debe efectuarse mediante procedimientos que efectivamente permitan a los pueblos indígenas manifestar sus pareceres. El Convenio, desde luego, no define cuáles son los procedimientos adecuados, lo que obliga a los Estados a dictar disposiciones de derecho interno que materialicen esta exigencia (y las demás). Un comité tripartito de la OIT ha establecido que “[n]o hay un modelo único de procedimiento apropiado y este debería tener en cuenta las circunstancias nacionales y de los pueblos indígenas, así como la naturaleza de las medidas consultadas”.
En este mismo sentido, el artículo 12 del Convenio dispone que los Estados deben adoptar “medidas para garantizar que los miembros de dichos pueblos puedan comprender y hacerse comprender en procedimientos legales, facilitándoles, si fuere necesario, intérpretes u otros medios eficaces”. Cuando se trata del aspecto medular del Convenio, como es el derecho a la consulta previa, esta obligación que pesa sobre los Estados es crítica. Si una parte no comprende cabalmente los aspectos que se discuten en el seno del procedimiento de consulta, no puede predicarse que el proceso satisface los estándares que vinculan al Estado.Es claro, en esta línea, que si se trata de un pueblo emplazado en áreas rurales, con difícil acceso a comunicaciones, un Estado no puede contentarse con realizar una consulta si para ello efectúa convocatorias por Internet, o bien en lugares urbanos donde se asume que las personas podrán llegar aunque en la práctica no sea así
.La consulta debe realizarse a través de las instituciones representativas de los pueblos indígenas.
Fotografia: Odan Jaeger
Uno de los elementos clave de la implementación de la normativa sobre consulta previa es que se lleve adelante con aquellos grupos o personas que representen realmente el parecer de los integrantes de uno o más pueblos indígenas. Y, tal como lo han observado órganos internacionales, no le corresponde al Estado determinar quiénes son tales personas (o grupos), sino a los indígenas, mediante sus propios procedimientos internos de toma de decisiones.
Son numerosos los casos en que, aun actuando de buena fe, el Estado no ha dado reconocimiento a las estructuras tradicionales de liderazgo y autoridad indígenas, extendiendo a sus pueblos las estructuras jurídicas “comunes”, lo que ha generado fricciones al interior del propio pueblo. La ley indígena chilena de comienzos de la década de los noventa es un buen ejemplo de ello, pues no establece derechos a favor de “pueblos” sino de comunidades, asociaciones e individuos indígenas, utilizando además la expresión “etnias”, la que de acuerdo con el derecho internacional es inadecuada.
En tanto son los indígenas los llamados a determinar quiénes son sus representantes, es importante que el Estado arbitre los medios para que puedan determinar libremente esa representación y para que, una vez iniciada la consulta, se asegure a los interesados que las decisiones que adopten sus representantes tengan la legitimidad necesaria para valer como voluntad del pueblo que ha de comparecer a la consulta.
En este ámbito es posible advertir tensiones –posibles o reales– entre las tradiciones indígenas y los valores que promueve el derecho internacional de los derechos humanos. El Relator Especial James Anaya ha señalado que los criterios mínimos de representatividad deben establecerse “conforme a los principios de proporcionalidad y no discriminación [y, en consecuencia], deben responder a una pluralidad de perspectivas identitarias, geográficas y de género”. No son pocos los pueblos indígenas cuyas tradiciones –por ejemplo, para determinar liderazgos– están en tensión con principios como el de no discriminación que, entre otras cosas, proscribe la exclusión de las mujeres de los procesos de toma de decisiones o reconoce a las personas menores de dieciocho años el derecho a ser oídas y, de esa manera, a influir en la adopción de decisiones. No se ha resuelto la manera en que los operadores jurídicos deben abordar estos principios, que bien pueden colisionar en estas circunstancias, aunque el Convenio adelanta una solución al prescribir el “goce sin discriminación de los derechos generales de ciudadanía” para todos los indígenas, sin que pueda “sufrir menoscabo alguno como consecuencia de medidas especiales” (art. 4.3).Si bien no es esta la materia del capítulo, es un aspecto crítico que amerita la atención de la academia.
El objetivo de la consulta es llegar a acuerdo o lograr el consentimiento
Uno de los aspectos fundamentales de la consulta previa a los pueblos indígenas es que tiene un fin claramente establecido por el Convenio 169: llegar a acuerdo u obtener el consentimiento acerca de las medidas propuestas. No está diseñada para informar a los indígenas de las medidas administrativas o legislativas que se quieran adoptar, o solo para recabar sus opiniones. La consulta, llevada adelante de buena fe y cumpliendo con los demás requisitos contemplados en el artículo 6 del Convenio, busca sentar las bases para la deliberación en un marco de confianza mutua, respeto por las opiniones, tradiciones y posiciones del otro para, con todo ello como telón de fondo, buscar el acuerdo o consentimiento.
Dado que el objetivo de los procesos de consulta es el cumplimento de metas –en eso consiste el acuerdo o consentimiento–, debe mirarse con desconfianza el establecimiento de plazos para que se lleven adelante las consultas. Desde luego, no es conveniente que la consulta se eternice, pero en tanto debe realizarse por medio de procedimientos adecuados a las realidades de los pueblos interesados, el Estado ha de rehuir la premura en los procesos. Es el procedimiento lo que dará (o quitará) valor al resultado, por lo que debe cuidarse que sea impecable,de modo que la decisión final, aun cuando no satisfaga del todo a los intervinientes, no sea impugnable por falta de (o indebida) consulta.
En síntesis, un proceso no debe conducirse como si su objetivo fuera únicamente notificar ciertas decisiones (adoptadas o por adoptarse). Ello es contrario al sentido y fin del Convenio 169 y ese incumplimiento puede acarrear sanciones jurídicas, tanto internas como internacionales, además de quitar legitimidad a las decisiones estatales, con la consecuente tensión y conflictividad social que es posible apreciar en muchos países.

Fuente: Pueblos Ancestrales.